A PIE DE ESCAÑO

Alberto Garzón Espinosa. Editorial: Península 2015

Seguramente el libro más personal de Alberto Garzón, en el que recalca que lo capital es aglutinar a la gente en torno a un proyecto y no a una bandera o a unas siglas, porque éstas lejos de ayudar, dividen.

A pie de escaño Aberto GarzónSoy colaborador de Podemos. Quizá por eso y desde el ánimo de sortear pormenores hasta ahora insuperables, son las palabras de Alberto Garzón las que quiero compartir al tiempo que recomiendo sus libros La gran estafa, La tercera república y, en concreto con esta reseña, A pie de escaño.

Sus reflexiones nos descubren claves indispensables que, para estas elecciones, no han tenido tiempo de hacerse asimilar, generando un escenario más dividido de lo que la inteligencia lógica presupone frente a un gobierno tan intolerable como el del PP. Son referencias que dan valor a los significados, a los contenidos políticos y restan valor a los significantes, los símbolos, las apariencias. Alberto nos ofrece pistas que definen el norte político al que debemos tender si queremos ofrecer, por fin, alguna alternativa potente y capaz a lo que tenemos.

“Los movimientos sociales están mejor sincronizados con el tiempo histórico en que vivimos que los partidos, más institucionales y con evidentes déficits de funcionamiento democrático.

Interpretar tarde, con desfase lo que propone la calle es efecto de la rigidez propia de los partidos. También lo es su incapacidad para atraer, convencer y mantener a personas muy capacitadas que navegan activos más allá de su organización. Es decir, activistas sociales que ven muy difícil hacer valer sus criterios frente a los de aquellos que llevan toda la vida integrados. El partido se muestra conservador frente a la agitación de la calle.

La política viene determinada por las ideas, y las siglas y las banderas son algo secundario, prescindible. El mayor acierto del 15M fue hablar de propuestas concretas sin pasar por el filtro de si son de izquierdas o derechas. No importaba el significante, sólo el significado.

No debe existir ningún problema de abandonar el significante de izquierda u otros, si con ello atraemos a más gente a sumarse al objetivo político que perseguimos, al significado.

Esta idea regenerativa choca con la resistencia de quiénes otorgan a los significantes (banderas, siglas, himnos) un componente emocional del que no quieren desprenderse, sin detenerse en las consecuencias.

Es cierto que en determinados momentos históricos surgen significantes que ayudan a aclarar mejor la realidad política y social en la medida en que operan como resumen o simplificación de la (aparente) complejidad política. Sin embargo, son los significados lo realmente importante. Lo que interesa es el contenido político que da coherencia a una ideología, y es ésta la que debe “abanderar” la iniciativa, y no las formas simbólicas en las que se envuelve en un momento histórico determinado.

anclarse en la simbología es transmitir una imagen de inmovilismo poco sugerente para invitar al cambio, para resultar creíble

El marxismo como herramienta que es de análisis nos permite entender, mejor que ninguna otra, cómo funciona el sistema económico, y por ende el político. Y su mejor virtud analítica pasa por su carácter dinámico, evolutivo, y no demorarse en referencias teóricas superadas en la práctica.

Sin embargo, sigue habiendo voces críticas que se alzan contra los que pretenden superar la dicotomía capitalistas y trabajadores, o contra el concepto de “ciudadano” o el de “abajo” en lugar de “izquierda”. Son críticas que provienen de un marxismo fosilizado y melancólico (en el sentido freudiano) incapaz de asumir el paso del tiempo. Un marxismo al que el propio Marx renunció (“yo no soy marxista”) por ser un dogma, un catecismo.

Lo que de verdad se precisa definir son las clases sociales en conflicto y dar con el modo de fijar alianzas en torno a un proyecto político común de emancipación. Sin etiquetas divisionarias en lo superficial.

En el imaginario social se ha impuesto la idea “de que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, una victoria más, la más importante, de la hegemonía de la comunicación. Conseguir una visión alternativa y hacerla creíble y difundirla es nuestro principal reto. Y para ello colabora el libro de Alberto Garzón “A pie de escaño”: hacer ver que el reto lo es de la inmensa mayoría, el de todas las clases sociales que en realidad somos víctimas del sistema, llámense el 99% o “los de abajo” o de la forma que sea que nos englobe a esa mayoría sometida por el privilegio y a una distancia cada vez mayor.

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