“Z”, dirigida por Costa Gavras

En un país regido por una corrupta democracia, donde el gobierno utiliza a la Policía para erradicar cualquier amenaza izquierdista, un diputado de la oposición es asesinado en plena calle cuando acababa de presidir un mitin de carácter pacifista…

Música compuesta por: Mikis Theodorakis

Guión: Costa-GavrasJorge SemprúnBen Barzman

Reparto: Jean-Louis Trintignant, Jacques Perrin, Yves Montand e Irene Papas .

La esencia argumental de Z nos resultará familiar, y más, con la Ley Mordaza como producto estrella de un gobierno clásico como el PP, que hace bandera de la libertad –caprichosa de unos pocos- en detrimento de la LIBERTAD democrática de la mayoría.

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Junto con Gillo Pontecorvo y Francesco Rosi, el cineasta greco-francés Constantin Costa-Gavras ha sido el máximo representante del cine político, corriente surgida a mediados de los años 60 y definida por su carácter marcadamente sensible y reivindicativo. El éxito de la película fue inesperado y se debió en gran parte a la efervescencia del Mayo francés y del movimiento hippie, que apoyaron el mensaje reivindicativo y liberador que postulaba Costa-Gavras para su país. En España, fue prohibida por la censura franquista y no pudo estrenarse hasta 1977.

En los años en que, según Chris Marker, tenía lugar la Tercera Guerra Mundial, con batallas en Cuba, Vietnam, Chile, Grecia, Checoslovaquia, etc., Francia era el teatro de operaciones de las luchas ideológicas de la izquierda, algo que también y por desgracia tenemos muy presente cerca de nosotros para regocijo de los conservadores. Eran luchas que enfrentaban al Partido Comunista Francés (los burócratas apoltronados, el P(c)F de los escritos guerrilleros) con una pléyade de grupos izquierdistas (irresponsables sindicales y estudiantes aficionados, según el PCF). Entre ambos fuegos, algunos intelectuales se debatían entre la fidelidad al partido que resistió al fascismo, el rechazo del estalinismo y la incomprensión ante las nuevas formas de lucha política de mayo del 68.

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El cine vivía una lucha parecida entre los partidarios del cine “de compromiso”, accesible a las masas, cargado de sensibilidad social, y los que entendían que revolucionar la sociedad implicaba renovar las formas cinematográficas heredadas del aparato ideológico burgués.

En aquel momento, Costa-Gavras, cineasta griego establecido en Francia, dirigía su tercera película, Z (1969), la historia del asesinato de un diputado de izquierdas y la investigación judicial y procesamiento de la cúpula policial y militar griega. Los acusados fueron absueltos y la protesta popular fue zanjada por el golpe de estado de los coroneles. Grecia había perdido su batalla de la Tercera Guerra Mundial.

Z, con un guión escrito por Jorge Semprún tras su desencanto comunista, fue un éxito comercial y un escándalo tanto para el PCF como para los izquierdistas. Lejos de rechazar la ficción burguesa,la emplea a fondo para dar interés a su relato. La herejía está servida y es el punto de partida de toda una tradición francesa de thrillers que hablan de corrupción administrativa, de conspiraciones golpistas, de asesinatos políticos. El “sistema Z”, nacido de la serie B, fue incluso copiado en EE UU por los cineastas progresistas: Pollack con Los tres días del Cóndor o Pakula conTodos los hombres del Presidente. Es también el modelo de Ken Loach en Agenda oculta o en la segunda parte de La canción de Carla y de Oliver Stone en JFK.

Minutos finales de “Z” (1969) – Constantino Costa-Gavras

El tema de Z es la Verdad como garante de la libertad y su fragilidad frente al poder armado. Los investigadores del asesinato no son personas movidas por ningún tipo de idealismo, sino un fotógrafo arribista y un oscuro juez escrupuloso. Sin embargo, ambos son agentes de la verdad que termina por imponerse. Son el poder de la prensa y de la justicia. A lo largo de toda su carrera, Costa-Gavras empleará insistentemente la fotografía como dispositivo en el que se revela la verdad, en un humilde homenaje al cine documental al que suplanta.

El cine político de Costa-Gavras es un triple ejercicio de nostalgia de la verdad. Nostalgia del documental, porque uno no estuvo allí para filmar (no sabía que ocurría ni qué ocurría), de la prensa, que no siempre dice lo que sabe o sabe lo que dice, de la justicia, maniatada y manipulada. El valor de este cine es un valor virtual, pues está condenado a sustituir al reportaje perfecto, a la instrucción perfecta de un caso, al haber estado allí.

 

 

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