El primer hombre notable que inició la corrupción en la Transición fue el rey

Cuando se publicó este libro en 1991 las reacciones fueron brutales. Una de las cosas que también se ha decidido en esta reedición ha sido precisamente incluir esas reacciones de los prebostes del periodismo de entonces. Porque fueron muy duras. Hoy pienso que tenía que haber titulado el libro de una manera mucho más pedante: ‘El precio y leyenda de la Transición’, porque la Transición tenía una leyenda que se habían montado los mismos y escasos protagonistas y sus escribientes, según la cual en aquel año que yo escribo esto, todo el mundo era bueno. El rey era magistral en su comportamiento y el motor del cambio; Adolfo Suárez, un estratega; Santiago Carrillo era un demócrata de toda la vida; Felipe González y la socialdemocracia eran lo más parecido a Olof Palmer; y Fraga no había tenido apenas nada que ver con el franquismo. Una historia en la que todos eran buenos y nos obligaron a todos a considerar que eran buenos cuando nosotros sabíamos que eso era la renuncia a un pasado y, por lo tanto, una cosa peligrosísima.

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Sentarse a hablar con Gregorio Morán (Oviedo, 1947) no es tarea fácil. No porque no sea accesible, que lo es. El periodista y escritor, aunque parezca extraño, no tiene móvil y hay que contactar con él a través del correo electrónico o de su editorial, Akal, con la que acaba de reeditar su libro ‘El precio de la Transición’, escrito en 1991.

El texto, como el propio Morán explica en esta entrevista en eldiario.es, ha sufrido pequeñas modificaciones en algunos pasajes que fueron objeto entonces de censura. Fundamentalmente, algunos referidos al rey Juan Carlos sobre el que Morán se muestra más que crítico.

 De hecho, avisa en el prólogo de que “el rey era el mayor operador fraudulento del país” gracias “a la impunidad que le concedía el Estado y la de su real gana. Y así siguió hasta que los suyos hubieron de cesarle porque ponía en peligro la supervivencia de la institución”.

En ese prólogo Morán también sentencia que “lo que unió de verdad a los vencedores de la Transición no fue la Constitución de 1978 sino los negocios”, para añadir después, sin tapujos, que “la Transición como periodo histórico, con su Constitución de 1978, lleva funcionando 40 años para gozo y satisfacción de quienes la parieron, la amamantaron y la pusieron a trabajar, lo más pronto que consintió su edad, en una casa de lenocinio”.

La primera edición de su libro fue publicada en 1991 y ahora, casi 25 años después, se reedita con algunas correcciones. ¿Hubo censura?

Sí, evidentemente hubo censura. En la primera edición de Planeta se habían omitido cosas con referencias al rey y en esta edición se han reconstruido del todo. Yo de los párrafos desaparecidos en aquel momento no tuve noticia hasta que compulsé mi original con el texto editado. Bueno, son esas cosas que pasan.

¿Por qué vuelve a salir el libro justo ahora?

Era un libro que demandaba otra generación, gente como Podemos. El libro, después de dos ediciones, se había agotado y Akal pensó con buen criterio que éste era un buen momento, justo cuando una generación que no la vivió debate sobre aquella Transición y si debería haber una segunda Transición. Era importante sacarlo ahora de nuevo.

Usted ha sido uno de los primeros en analizar críticamente esa etapa histórica. ¿Por qué se ha tardado tanto en desmontar los mitos de la Transición?

Cuando se publicó este libro en 1991 las reacciones fueron brutales. Una de las cosas que también se ha decidido en esta reedición ha sido precisamente incluir esas reacciones de los prebostes del periodismo de entonces. Porque fueron muy duras. Hoy pienso que tenía que haber titulado el libro de una manera mucho más pedante: ‘El precio y leyenda de la Transición’, porque la Transición tenía una leyenda que se habían montado los mismos y escasos protagonistas y sus escribientes, según la cual en aquel año que yo escribo esto, todo el mundo era bueno. El rey era magistral en su comportamiento y el motor del cambio; Adolfo Suárez, un estratega; Santiago Carrillo era un demócrata de toda la vida; Felipe González y la socialdemocracia eran lo más parecido a Olof Palmer; y Fraga no había tenido apenas nada que ver con el franquismo. Una historia en la que todos eran buenos y nos obligaron a todos a considerar que eran buenos cuando nosotros sabíamos que eso era la renuncia a un pasado y, por lo tanto, una cosa peligrosísima.

La reacciones de los medios fueron, además, muy malas. Todavía se vivía un espíritu de la Transición que se caracterizaba en que lo más importante era la libertad. Pues vamos a la libertad y olvidemos otro montón de cosas como la corrupción, aunque en la primera etapa de la Transición no tuvo demasiada importancia. Fue uno de los grandes problemas posteriores.

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Secreto, consenso para no airear el pasado, y olvido son las claves de ese silencio, de esa ‘omertá’ pactada entre los actores de entonces que denuncia en su libro.

Sí. Es como si se reuniera un grupo de viejos tahúres y antes de comenzar la partida se prometieran unos a otros que hay temas intocables. Y así fue durante todos esos años. Y funcionó perfectamente. Cada uno de ellos fue haciendo su autobiografía particular o encargó a alguien que se la escribiera y lo llevaron con absoluta indignidad, pero lo llevaron muy bien.

¿Una gran farsa?

Sí. Una gran farsa en la cual unos fuimos meros comparsas y otros, cómplices.

Entre esos cómplices incluye a la prensa de entonces.

Por supuesto. La Transición no se hubiera podido hacer sin los elogios permanentes de la prensa. Sobre todo de los columnistas y tertulianos. Cuando publiqué el libro uno de ellos aseguró en un artículo que gente como yo no debería vivir en España porque estaba atentando a la convivencia.

¿Cree que estamos ante el inicio de una segunda Transición, como afirman Albert Rivera o Pablo Iglesias?

La Transición es un fenómeno irrepetible porque es pasar de una dictadura a una democracia. Lo que plantean Rivera y casi todos los partidos es una reforma de los esquemas creados en la Transición, aunque no tiene nada que ver con aquella etapa. Lo que pasa es que como lema es eficacísimo y la gente dice: “¡Ay, qué bonito!”.

¿Hay alguna similitud entre los actores de entonces con los de ahora: Rivera, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Alberto Garzón?

Ahí es donde se ve más claramente la imposibilidad de que esto sea una segunda Transición. Entre Pablo Iglesias, Rivera, Sánchez etc., el único que se mantiene incólume desde hace no se cuantos años es Rajoy. Claro que él es registrador de la propiedad y puede estar toda la vida. No se puede decir que sea una clase nueva, solo más joven. Creo recordar que a ese chico al que los dioses no le han concedido un exceso de talento, que es Sánchez, el del PSOE, le preguntaron que qué recuerdos tenía de las primeras elecciones democráticas y dijo: “Sí, sí. Recuerdo perfectamente aquellas elecciones del 79”, cuando las primeras fueron en el 77. No tiene ni zorra idea. No es que no se conozca el pasado, es que no tiene ni idea.

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Como analista e historiador, ¿qué opina sobre lo que está ocurriendo en Cataluña?

Yo vivo en Barcelona y creo que ese deterioro viene de lejos. Nadie se preocupó nunca desde aquí de ver que aquello podría ser un tema muy serio. Cuestiones como la inmersión lingüística nadie le dio la importancia que Pujol le daba. Por ejemplo, la protección de la emigración magrebí en detrimento de la emigración latina era algo que veíamos todos allí y de esto nadie se preocupó aquí. A un magrebí le da lo mismo aprender castellano que catalán pero un latino no tiene por qué, ya está en su propia tierra o en tierra parecida y puede hablar el castellano perfectamente.

Y a esto se suman dos cosas al mismo tiempo gravísimas. Una, la crisis económica que castiga especialmente y de manera brutal a Cataluña, sin la ayuda prestada a los bancos, cajas etc. No solo de toda España, sino el esfuerzo que se hace por mantener las de Cataluña, que es muy importante. Y, segundo, la corrupción. Políticamente el gran salto adelante de Artur Mas de echarse a nadar o a la piscina sin agua viene dado por cómo neutralizar esos dos efectos. Solo se pueden neutralizar de una manera. Tú no puedes conseguir la amnistía si no hay una Cataluña independiente y si no se concede la amnistía estos acaban en la cárcel. Bueno, en la cárcel, cárcel, no, porque al final todos estos delincuentes de alto copete todo lo más que pasan es un fin de semana en la cárcel.

¿Y eso no es indignante?

Es absolutamente indignante. Una demostración es la corrupción de los Pujol, de la familia no queda ni uno. No sé si tienen perro o gato pero si lo tienen seguro que están también implicados en la estafa. Es una familia mafiosa. Sicilia no queda lejos y además hay una gran tradición siciliana en Cataluña.

¿Cómo ha podido haber tanto silencio durante tantos años?

Se compró todo. Empezando por los medios de comunicación. Y luego había una presión social, es decir, la hegemonía del catalanismo social y política se apagó. El PSC, a diferencia del PSOE del País Vasco, fue un partido creado después de la muerte de Franco y creado de retales de la peor especie como se demostró luego. Personajes como [Joaquim] Nadal o como [José] Montilla tienen una responsabilidad clarísima en todo lo que está ocurriendo.

Esos escándalos de corrupción han sido destapados por la prensa. ¿Cómo ve ahora a los medios de comunicación?

La prensa está peor que nunca. La existencia de la prensa digitalizada es un recurso frente a los monopolios de la prensa que cuenta de verdad. ¿Y qué prensa es la que cuenta de verdad? Evidentemente la de papel, los medios de comunicación en papel y la televisión. La prensa digitalizada posiblemente sea el futuro. Yo todavía no lo veo pero, de momento, en el presente, el poder político nunca le hace caso a un medio virtual. Es más, se necesita que un medio escrito recoja una información virtual para que ese información tenga eco.

La prensa digital ha destapado muchos casos de corrupción

Lo virtual es un recurso para nosotros, para enterarnos de lo que está pasando porque si nos fiáramos exclusivamente de lo que sale en el papel estaríamos en el país de Alicia y el país de las maravillas. Pero el futuro está muy negro. Tan negro como que todos los periódicos están hipotecados, menos lo virtual, que es barato. Pero el poder necesita a la prensa escrita y los informativos, porque es lo que da peso a una información.

¿Y por qué cree que la corrupción apenas pasa factura en España a los políticos?

La corrupción se inicia cuando los partidos descubren que son caros, carísimos. Es entonces cuando empiezan las mordidas, cuando descubren que el partido es caro y no hay fondos. Eso no quiere decir que la corrupción no existiera ya en la época de Franco. Ya existía, claro. Pero los partidos democráticos no tenían experiencia del 3% o el 5%. Y eso siempre exige que haya algún intermediario que se lleva el dinero. Y ese intermediario, como Bárcenas, dice: “Una cosa es que mis creencias sean del PP y otra cosa es que no me pueda montar yo una fortuna”. Digo Barcenas y tropecientos más.

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¿Cree que Rajoy está actuando con acierto ante el pulso catalán?

A mí me cuesta mucho trabajo diferenciar los aciertos y los no aciertos de Rajoy porque como es tan lento. A lo mejor mis nietos podrán descubrir si Rajoy lo ha hecho bien o lo ha hecho mal porque es como un transatlántico, va despacito, despacito. Y ahora se ha movido un poco porque si espera un poco más, se le va de las manos todo. No creo que Rajoy haya estado sembrado en el tema catalán porque no tiene ni zorra idea y porque tampoco tiene dirigentes políticos de altura en el PP catalán. El único hombre que pensaba y tenía cabeza era Vidal-Quadras, y fue una condición sine qua non que le puso Pujol a Aznar en los famosos pactos del Majestic para llegar a un acuerdo y apoyar aquella legislatura. “A este me lo sacas de allí”, le dijo, y lo llevaron a Bruselas porque no había un sitio más lejos.

¿Se imagina una Cataluña independiente o es una entelequia de los soberanistas?

Es una absoluta entelequia, no me lo imagino. Hoy he oído a uno en la televisión que decía: “Esto no se lo creen ni ellos”.

¿Por qué cree que hay tanto temor a afrontar una reforma de la Constitución?

Ahí hay una cosa en la que creo que Rajoy tiene razón que es que los planteamientos de reforma de la Constitución que se hacen desde Cataluña no solucionan absolutamente nada. A mí no me parece nada mal que la reformen entera pero no sé qué es lo que piden reformar. Porque nadie precisa nunca en qué consiste la reforma de la Constitución. Pero es un recurso cojonudo decir, sí, hay que reformar la Constitución. Pero reformar la Constitución no nos va a quitar la corrupción de encima y no creo tampoco que el objetivo de los que quiere cambiarla sea cuestionar la monarquía.

Precisamente en su libro se muestra muy crítico con la figura del rey Juan Carlos, durante tantos años intocable. ¿Faltan muchas cosas por conocer todavía del monarca?

¡Hombre, casi todas! El rey ha pasado de ser el motor del cambio a ser un personaje que complica la vida de todos, la de su hijo, la de su nuera, la de su mujer, y la de todos los que le rodean.

Ha llegado usted a afirmar que es un corrupto.

Sí, eso iba a decir ahora. Yo creo que el primer hombre notable que inició la corrupción en la Transición fue él. Lo he escrito y lo mantengo. Entre él y aquel manco de Lepanto que se llamaba Colón de Carvajal, que era su ayudante, y que a Dios gracias que tenía una mano nada más porque la cantidad de dinero se llevó… ¡Eso eran comisiones! Pero él tenía impunidad.

¿Felipe VI será el último rey o hay monarquía para rato?

La verdad es que yo como profeta… Me he equivocado tanto, que no me atrevo a decir qué ocurrirá. La figura de padre e hijo no son similares. No hay que olvidar una cosa, que el rey, el viejo, era un braguetas o un vainas pero a éste creo que no le van a dejar. Son dos mujeres muy diferentes y eso es muy importante. Su poder es ahora un poder simbólico.

Hay otra cosa que llama la atención en su libro y es que habla mucho de Carrillo y de la buena sintonía que mantuvo con Suárez, e incluso con Fraga, pero cita muy poco a Felipe González. ¿Fue su papel en la Transición insignificante?

Es que Felipe González, y el PSOE, en la Transición, en esos años hasta las elecciones de octubre en el 82, se mantuvo en un segundo plano. No por que él lo quisiera sino porque así se lo hacen saber los dos más interesados. El intento de pinza entre el PCE de Carrillo y Adolfo Suárez es una obviedad. Hubo un momento en el que a punto estuvieron de formar gobierno. Uno de los que se opuso a ello fue Fernando Abril Martorell. ¿Por qué gana Felipe arrolladoramente en octubre del 82? Toda la campaña fue falsa, pero si ganó fue porque no representaba nada de la Transición. No estaban complicados como Carrillo ni como Suárez. Era unos chicos que no tenían pasado. ‘Su’ partido nació en 1974, en Suresnes. Ahora dicen que Rivera o Pablo Iglesias llevan pocos años en la política pero poco llevaban también estos otros.

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¿Qué piensa del Felipe González que defiende a Pujol o dice que Pinochet respetaba más los derechos humanos que ahora Nicolás Maduro?

El ser humano envejece por lo general mal. Y en política, muy mal. Y luego está ese principio de que uno a determinada edad se va volviendo conservador. Pero en el caso de Felipe no es solo un problema ideológico, que nunca le preocupó un comino. Es que tiene un tejido de intereses, un capital, unos amigos… Ese Felipe González convertido en esa especie de reina madre parlanchina está ahí como el gran aliado del centroderecha. También se lo han puesto muy fácil porque una vez que abandona la dirección del PSOE… Es que lo de Zapatero tuvo que ser durísimo, visto por dentro. Visto por fuera fue duro. Es un caso a analizar. Y lo de Sánchez ya debe alcanzar el delirio. Lo de este chico va a más.

Usted que conoce bien a la izquierda, ¿a qué achaca que siempre ande dividida?

Lo que más une es el poder y la izquierda siempre o casi siempre tiene el poder lejísimos. La derecha se une enseguida si hay perspectiva de poder. Ahora algunos dicen que Rajoy va a tener una crisis de poder, que se le están levantando los barones, pero se pueden ir a tomar por saco, se pueden ir a donde quieran porque si ganan las elecciones esos barones están más unidos a su jefe que a nadie. Ahora bien, si las pierden, que se prepare.

Una última pregunta. ¿Se atreve a vaticinar qué va a pasar el 20D?

¡Ay, si tuviera esa bola de cristal, sería precioso! Lo que sí pienso es que estas elecciones tienen encanto. Todos los candidatos por primera vez están acojonados porque no saben si van a estar el primero, el segundo o el tercero. Es una carrera sin ganador absoluto y por eso tiene más encanto que nunca para aquellos que no participamos en el comedero político. Y si faltaba algo en esta merdé general, pues entró Cataluña y todo se vuelve absolutamente incontrolable.

http://www.eldiario.es/politica/Gregorio_Moran-la_Transicion-editorial_Akal_0_451105212.html

ENTREVISTA | Gregorio Morán para eldiario.es

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