REGENERACIÓN POLÍTICA. CLAVES -“PRIMARIAS”-

Mientras que el PP sigue enrocado en el arcaísmo de designar a sus candidatos “a dedo”, como Dios y la vieja escuela mandan y la Democracia más elemental repudia, el resto de partidos que tratan de hacer bandera de la regeneración política, eso sí a nivel mediático, airean las “primarias” como si fueran la panacea del proceder democrático.

Un análisis somero a los procesos desarrollados nos informa de que, en la práctica y tal como se configuran, los resultados distan mucho de ser lo que dicen: espacios horizontales, abiertos a la igualdad de oportunidades y a un acceso transparente y no condicionado para que la ciudadanía convocada pueda elegir libremente a sus candidatos.

La voluntad sincera de conseguir una regeneración política que sea la puerta para el cambio, fundado en un empoderamiento ciudadano eficaz, pasa por facilitar los medios que eviten que, se utilice un proceso u otro, el resultado sea el mismo; un resultado que deja pocas dudas mucho antes de la votación. Hoy por hoy, los candidatos que de forma más prolífica salen en los medios de comunicación tienen todas las de ganar en las primarias. La razón es sencilla: su campaña se inicia mucho antes que la de sus incautos “rivales” que tienen la osadía de hacerles frente en las elecciones, a sabiendas de que sus opciones vienen a ser ninguna, a lo sumo. Tanto es así, que en algunos casos el atrevimiento se hace tan excesivo que mueve a pensar que es el entorno del propio candidato “mediático” el que, para contrarrestar el efecto de acudir a las primarias en solitario, convence y anima a otros candidatos, en una suerte de testaferros electorales. “Mueve a pensar” digo, no lo afirmo pues carezco de confirmación alguna al respecto, más allá del susurro del sentido común.

Evitar unas “primarias anunciadas” y empezar con la regeneración supondría equilibrar, en la medida de lo posible, la influencia mediática de los candidatos. Si Pablo Iglesias o su homólogo en C’s, Albert Rivera, pongamos por caso, disponen de X (y varios ceros) oportunidades para explicarse en los medios, en el tiempo de campaña deben reducirse hasta casi desaparecer, mientras que a sus rivales se les debe habilitar “generosamente” espacios para darse a conocer, terminando con un encuentro conjunto en el que, cara a cara, fijen posiciones ante los votantes. No puede ser, como ocurre en la actualidad, que la votación se deba dirimir entre una “estrella” de los medios y un grupo reducido de completos desconocidos. Es tan elemental que no tenerlo en consideración “mueve a pensar” que se hace con intención de “cambiar algo, para que todo siga igual”.

El escollo de la verticalidad, de la dependencia es uno de los primeros que debemos superar en este camino de tomar las riendas para que no nos hagan la política. Una verticalidad disfrazada o no.

Ulises

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